¡Hola, gavileanos!
Nadie sabe la pena que siento cuando os vais todos de la biblioteca. Después de este encuentro lector del club, que es el último de este curso, me siento todavía más apenado. Ha sido un curso lleno de aventuras. Compartir lecturas, sensaciones, amistades y buenos momentos han hecho de este curso algo mágico. Entre páginas y páginas de sonrisas, yo me acicalaba y veía vibrar la biblioteca con vuestras presencias. Tan acogedor ha sido todo que no me apetecía volar fuera de estas paredes y escapar al mar. Prefería quedarme y esperar a que llegarais con vuestras ganas. Como decía mi abuela, la gaviota oriental, "Vivir es escribir un libro a infinitas manos". No sé si entendéis bien lo que quería decir, pero espero que sí lo podáis interpretar bien.
Simbad el marino, Aladino y la lámpara mágica, Alí Babá y los 40 ladrones... Historias insertadas en otras historias, como el hilo que forma un pañuelo de colores. Historias mezcladas con otras, con momentos de mayor interés pausados para mantener la atención del lector o para salvar la vida. Historias de amor, de amistad, de sabiduría... historias como las nuestras, pero con nombres venidos en el viento de levante o en alfombras mágicas que transportan hermosas palabras, aromas de otro tiempo.
¡Ábrete, libro!, dije, y al final no solo se han abierto los libros, también los corazones y los lazos de pura amistad.
Ahora me voy a hacer la maleta, pues pronto sonará el último timbre de este curso y no quiero que las lágrimas de despedida ahoguen a esta gaviota de biblioteca. ¡Ábrete, libro! y que las historias de nuestros amigos los libros se nos muestren con su magia, como las joyas que contienen entre sus líneas, mucho más inconmensurables que las encontradas por Alí Babá en aquella cueva.












